La puja que se está dando en nuestro país, es por la elección de hacia donde se dirige en todo sentido. Están los que desde el gobierno, con Cristina de Kirchner a la cabeza, pujan por llevarlo a ser un país inclusivo. Mientras otros, desde la oposición, lo hacen por torcerle el rumbo hasta convertirlo, definitivamente y sin retorno, en un país exclusivo.
Al país inclusivo –es decir, al país para todos- lo conoceremos si estudiamos nuestra historia. Al país exclusivo –el país para pocos-, lo tenemos fresco en nuestra memoria ya que lo vivimos hace solo una década atrás. Perdurando sus efectos, los que son muy difíciles de revertir.
El avance tecnológico que se ha dado en el mundo y también entre nosotros, favorece a que se utilice cada vez menos mano de obra en los procesos productivos, ya que las máquinas y la tecnología informática resultan mucho más eficientes, en conseguir un nivel de producción impensado con la utilización de mano de obra y con el tipo de tareas que se realizaban anteriormente, con la tecnología de las maquinarias existentes en otra época.
Podríamos ver entonces a esta nueva realidad tecnológico-productiva, como a una nueva naturaleza que rige el funcionamiento de toda una nueva sociedad, que se ve favorecida por una parte y transformada para mal por otra. Ya que esta nueva naturaleza, utiliza cada vez menos mano de obra para producir mayor cantidad de bienes y servicios.
Este proceso natural de expulsión de mano de obra de los procesos productivos, por la incorporación de la tecnología, tiene la virtud de crear mayor cantidad de bienes y servicios, a menores precios. También, exhibe la contracara, de generar desocupación. Este proceso se dará aún más vertiginosamente si no se actúa en el sentido contrario a través de la planificación y la acción concreta del Estado. Es decir, si el Estado no interviene reinsertando a la mano de obra expulsada.
Si dejamos a la nueva naturaleza actuar sobre la sociedad, tendremos cada vez más, a una mayor cantidad de personas desocupadas y desplazadas tanto en lo productivo como en lo social. Es decir que se incrementará lo que se conoce como: población sobrante.
Esta población sobrante, es decir esa masa de hermanos que no tienen un trabajo decente. Se ira degradando rápidamente cayendo en la otra sociedad emergente, que es la sociedad marginal.
Esa sociedad marginal se maneja con una nueva cultura y con otras reglas de funcionamiento de características muy diferentes a la sociedad formal. Estas dos sociedades perfectamente reconocibles a simple vista, por todos nosotros. Terminaran volviéndose antagónicas, generándose desconfianzas y agresiones mutuas.
Esta sociedad marginal, es utilizada como mano de obra barata e informal –es decir, por fuera de las leyes laborales-. Por empresas que contratan sus servicios en condiciones de esclavitud o de semi-exclavitud. También contratan sus servicios, las bandas de delincuentes que utilizan a los menores para la ejecución de delitos a mano armada.
Si miramos a todos los asentamientos humanos que existen en nuestro territorio nacional, ciudad por ciudad, observaremos que en casi su totalidad, conviven ambas expresiones de las sociedades -la formal y la informal-. Ambas conectadas entre si. Las que a veces solo están separadas por una calle. También vemos, que esto se repite en cada barrio dentro de cada gran ciudad.
La sociedad formal desconfía cada vez más de la sociedad informal y la hace responsable de todos sus males. Ya que al vivir integrada a la sociedad productiva, solo se ve afectada por el sentimiento de inseguridad, que le crea el barrio informal pegado a ella. Temiendo por el tipo de delitos que se cometen, a manos de los que delinquen. Suponiendo que sus posibles autores, serán sus vecinos de las zonas informales. Incentivados a lograr sus objetivos, por el consumo de drogas y fundamentalmente por no valorar su propia vida ni por lo tanto, la ajena.
Un proyecto que tienda a crear un país inclusivo, es el que tratará de integrar a la formalidad a la población que convive dentro de la informalidad en todo sentido. Tendiendo a que la población informal se achique hasta desaparecer, por haber pasado a vivir en la mayor formalidad posible.
Un proyecto que solo se ocupe de lo productivo sin detenerse en reparar los daños que produce la exclusión social. Construirá un país exclusivo, es decir, un país para pocos y con derecho de admisión. Este país, con el transcurrir del tiempo, multiplicará sus males. Esos que hoy nos acechan y atemorizan, acercándonos cada vez más, a otras realidades latinoamericanas.
Vivir en un país exclusivo con altos grados de desigualdad, terminará afectando su crecimiento y ni hablar de su desarrollo. Grandes números macroeconómicos serán exhibidos por los economistas neoliberales, a los que no les interesan los hermanos que se caen del sistema, por un tobogán, hacia el abismo.
El pueblo deberá ir decidiendo que realidad es la que prefieren para ellos, para sus hijos y para sus nietos. En sus manos estará el timón que determinará el rumbo. Por supuesto: yo quiero vivir en un país inclusivo.
Cosas vederes Sancho.
Atentamente JUANCHO MILITANTE.




